
Cuando llega el otoño y llega el amor. Ése ascensor prohibido al que otra vez no puedo subirme. Siempre hay ramas que lo entorpecen todo, que me impiden ver el bosque. Ojalá pudiera sortearlas, podarlas, arrancarlas de mi camino. Pero cada día sigues estando más alto, más lejos. Y sólo puedo tocarte las puntas de tus dedos.
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señorita, hay que ir a ikea a por una escalerita
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